Hay una indignación generalizada, cultivada en unos casos y espontánea en otros, a la hora de enjuiciar la influencia de los mercados en las medidas de ajuste que recorren la Unión Europea.

Las más de las condenas subrayan el desmontaje del llamado Estado de Bienestar como consecuencia del santo y seña en el control y disminución de los déficits queestá retrotrayendo las relaciones económicas y sociales a finales del siglo XIX. Es verdad, pero no toda ella.

Con la alusión a los mercados como responsables únicos de la situación, se está colaborando, aun sin quererlo en algunos casos, a velar el origen del problema presentando un cabeza de turco al que, por otra parte, nadie controla ni piensa controlar.

Cuando se habla de mercados, todos sabemos que se habla de la banca, las agencias de calificación, la bolsa, los intermediarios financieros, las legislaciones permisivas, los gobiernos complacientes y la lógica de política económica exclusivamente centrada en lo financiero y sus años dorados de despilfarro, créditos a mansalva y connivencia con las distintas burbujas. Es decir, estamos hablando de los agentes que potenciaron, desarrollaron y encumbraron al empíreo de la llamada modernidad esta opción desviada de la lógica económica basada en la obtención de beneficios inmediatos cual cuerno de la abundancia.

Pero a poco que nos acerquemos al fenómeno y reparemos en su génesis, caeremos en la cuenta de que todo esto partía de una lógica que, penetrando en la sociedad, la vertebraba, la moldeaba y le daba un sentido de utilidad al alcance de la mayoría social.¿Recuerdan mis lectores aquel eslogan del "capitalismo popular"? ¿Recuerdan también la profusión de fondos de inversión de rentabilidad cuasi propia de Jauja?

El hallazgo de un nuevo El Dorado lanzó al frenesí de la especulación (al por mayor y al por menor) a cientos de miles de inversores deseosos del nuevo milagro de los panes y los peces.

No conozco ningún estudio acerca del origen y entidad de los capitales que bajo distintas formas, denominaciones y sistemas van de un lugar a otro del mundo en busca de rentabilidad segura e inmediata. La libertad y la movilidad -prácticamente ilimitadas- con que se mueven estos activos financieros pueden inducir a creer que la entidad de los mismos tiene un origen en alguna galaxia monetaria desconectada de la realidad y de la cotidianeidad.

¿Cómo se invierten y administran los fondos que los ahorradores dedican a sus pensiones privadas? ¿Cuál es el monto aproximado y el origen sociológico de las cantidades que conforman los distintos fondos de inversión?

Es bien cierto que la oscuridad y el hermetismo de los paraísos fiscales puede ser la tapadera de especulaciones dine- rarias en clara conexión con el narcotráfico y con la venta de armas. Pero, ¿qué parte de las citadas operaciones tiene un ciclo exclusivamente alimentado por los inversores y traficantes habituales en semejantes actividades? ¿Cuál es la cuantía de los fondos dedicados a inversiones en la economía productiva en sus distintas manifestaciones?

Está claro que los tenedores de acciones, de bonos, de deuda y de cualquier otro tipo de inversión a través de la banca, de la bolsa o de cualquier otro agente, buscan rentabilidad sin exigir ni exigirse garantías acerca de los fines, métodos o vericuetos por los que sus fondos caminan en esa jungla de intereses.

El anonimato de los inversores no los exculpa de las jugadas financieras o de los destinos de sus capitales ni tampoco de las víctimas que las jugadas especulativas suelen producir.La cultura propia del rentista está en la base de esta opción de capitalismo.

No solamente hay que emplear instrumentos políticos sobre los agentes financieros y sus ámbitos opacos. Es indispensable y urgente una regeneración de valores y de objetivos económicos. Se impone otra actitud cívica.

Julio Anguita. Excoordinador de IU.

Fuente: http://www.eleconomista.es/opinion-blogs/noticias/3242541/07/11/Julio-Anguita-Ante-los-mercadosII.html